Lejos de analizar la campaña presidencial ya concluida y de calificar al edil como derrotado, a partir de una apreciación infundada, hay que saber identificar los momentos claves que conllevaron, tras el gane del FMLN en el municipio y departamento de San Miguel, a que se desplomara la figura de uno de los políticos locales que ha gozado de más respaldo popular en los últimos lustros, y por qué ese triunfo local alcanzado por la izquierda sitúa a Salgado, antes que a Rodrigo Ávila, en el banquillo de los que no ganaron.
Uno de esos puntos esenciales en este análisis tiene que ver con la estrategia de hacer creer que sería su base quién al final decidiría a cuál candidato respaldar, y dar muestras claras de que él ya había tomado una decisión. Ejemplo de lo anterior es que el seis de febrero de este año, en una publicación del CoLatino, esa inclinación particular ya se dejaba leer entre líneas. Según el vespertino el alcalde evaluaba a quien dar su respaldo y que tras reunirse con ambos dijo, de Mauricio Funes: “Lo que hemos tratado es sus intenciones como candidato y cuales son mis aspiraciones como migueleño... cada quien ha tenido sus puntos de vista”; y de Ávila: "Me dijo que él estaba con toda la disposición de cumplir. Y me dijo que no tenía ningún problema de firmar un documento".
El 14 de febrero, La Prensa Gráfica consignaba que Salgado fue duramente criticado por sus líderes durante la presunta elección hecha por el edil un día antes y los reclamos que otros le hicieron por ubicarlos entre la espada y la pared, pudiéndolos dejar al marguen de la decisión. Ese mismo 14 El Diario de Hoy consignaba que el munícipe era consiente de que su voto duro podía menguar.
Sin duda alguna, Salgado sabrá como salir librado del impasse, esto porque se ha granjeado a pulso la fama de ser un habilidoso captador de apoyos; no obstante, la lección aprendida en los comicios presidenciales anteriores debe servirle para no subestimar a quienes él considera “machosdiuña”.